Terapia de Juego

„Se puede descubrir más cosas de una persona en una hora de juego, que en un año de conversación.“ (Platón)

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La terapia de juego es un método que se sugiere para tratar a los niños, es una forma de ayudarlos a expresar sus emociones para que puedan lograr mayor autoconfianza y favorezca el desenvolvimiento de su desarrollo. Ya que a través del juego se tiene la opción de tratar y contribuir en el proceso evolutivo del individuo con el objetivo de brindar una mejor y más sana calidad de vida al infante.

La terapia de juego facilita al niño llegar al autoconocimiento. La terapia de juego se basa en el hecho de que el juego es el medio natural de autoexpresión que utiliza el niño. Es la oportunidad que se le brinda al infante para que pueda expresar sus problemas  y sentimientos por medio del juego. Al niño le será más fácil comunicar su problemática al terapeuta utilizando el juego, que decirla directamente ya que le resultara más fácil proyectar la problemática y los sentimientos negativos o en positivos según el caso, en los juguetes; el poder  actuar los sentimientos a través del juego hace que emerjan expresándolos abiertamente, así el niño puede enfrentarse a ellos, aprendiendo a controlarlos o a rechazarlos ya que en el juego es el propio niño quien manipula la situación, puede desahogar sus sentimientos en un muñeco, juguete o cualquier otro objeto sin ser juzgado.

La terapia de juego no-directiva

La terapia no directiva se basa en la suposición de que cada individuo lleva dentro de sí mismo, no solo la habilidad para resolver sus propios problemas de una manera efectiva, sino también el impulso de crecimiento que hace que la conducta madura llegue a ser más satisfactoria que la conducta inmadura.

Este tipo de terapia comienza en la etapa en que el individuo se encuentra y basa en la configuración presente, permitiendo que los cambios ocurran, incluso de un minuto a otro, durante el contacto terapéutico. La velocidad de estos cambios depende de la reorganización de las experiencias que el individuo haya acumulado, así como sus actitudes, pensamientos y sentimientos que hacen posible llegar a la introspección: requisito indispensable para que la terapia tenga éxito.

La terapia no directiva da permisividad al individuo de ser él mismo, acepta completamente su Yo sin evaluación ni presión para que cambie; reconoce y clarifica las actitudes emocionales expresadas reflejando lo que el cliente expresa.

Debido al proceso mismo la terapia no-directiva además de ofrecer al individuo la oportunidad de ser él mismo, brinda también la oportunidad de aprender a conocerse, de poder trazar su curso de acción abierta y francamente.

Para el niño, la terapia constituye un reto el impulso de comprenderse mejor, la velocidad que el niño utiliza en terapia varía según el individuo, pero el hecho es que ha ocurrido en muchos casos. Esto es una oportunidad para probar la hipótesis de que si se le permite, el niño puede y de hecho llega a ser más maduro, más positivo en sus actitudes y más constructivo en la manera de expresar su impulso interno. Éste impulso hacia la autorrealización, la madurez, plenitud e independencia, es el que crea también una condición de desadaptación, ya que puede tratarse de una determinación agresiva del niño por ser el mismo sin importar los medios que utilice para lograrlo, o bien de una fuerte resistencia al sentir que su completa autoexpresión se encuentra bloqueada. Es por esto que debe darse al niño la oportunidad de canalizar su crecimiento interno hacia una forma de vida más positiva y constructiva, al aprovechar ésta oportunidad el niño es capaz de resolver sus propios problemas, tomar decisiones y, responsabilidades de las que generalmente se le permite tener.

 

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